EL ORÁCULO DE DELFOS
Por: Lic. Luis Fernando Ruz Barros

CUMBRES DE ROMANTICISMO…
En
EL ORÁCULO DE DELFOS
Por: Lic. Luis Fernando Ruz Barros

CUMBRES DE ROMANTICISMO…
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EL ORÁCULO DE DELFOS
Por: Lic. Luis Fernando Ruz Barros
Se ha dicho a menudo que la importancia de la monumental novela de Marcel Proust reside en la omnipresente influencia que ha ejercido en la literatura del siglo XX, bien porque los escritores han tratado de emularla, bien porque han intentado parodiarla y desacreditar, sin éxito, algunos de sus rasgos. Igualmente importante, sin embargo, es el hecho de que los lectores han disfrutado por generaciones del amplio diálogo que la novela desarrolla con sus predecesores literarios. “En busca del tiempo perdido” es la impresionante y sofisticada historia de la vocación literaria contada a lo largo de tres mil páginas, a las que Proust dedicó catorce años de trabajo. En ella, explora el tema del tiempo, del espacio y de la memoria. Pero la novela, por encima de todo, es una condensación de innumerables posibilidades literarias, estructurales, estilísticas y temáticas. Para Proust todo comenzó en 1908, al esbozar un ensayo presentado en forma narrativa y dirigido contra la crítica literaria tal y como la concebía Sainte-Beuve1. Sus contemporáneos lo consideraban por entonces culto, refinado e incluso un tanto snob. Hacia el verano de 1909, el Contra Sainte-Beuve se transforma en novela. Imaginando que su protagonista, convidado a una reunión en casa de la princesa de Guermantes, tiene la revelación de las dos especies de tiempo (el tiempo interior gracias a una serie de reminiscencias, el tiempo exterior gracias a los rostros envejecidos de los invitados de la princesa), Proust torna en desenlace novelesco la conclusión de su ensayo; pero ya se había cargado éste de escenas y personajes imaginarios, hasta el punto de que se perdía el hilo del discurso crítico. En resumen, el proyecto se enriqueció pero sin desviarse. Fascinado por los trajes de Madame Swan y por la cultura de su esposo (Por el camino de Swan), turbado por los rudos modales de unos jóvenes ciclistas de vacaciones al borde del mar (A la sombra de las muchachas en flor), ávido de participar en los salones donde se intercambian futilidades (El mundo de los Guermantes), torturado por amores que no valen la pena (La prisionera y La fugitiva o la desaparición de Albertine), el protagonista de “En busca del tiempo perdido” -que se confunde mucho más con Proust que el narrador que utiliza la primera persona- encierra en sí una obra maestra. Al igual que un cuadro impresionista, “En busca del tiempo perdido” trepida de incertidumbres. Después de todo, Proust contribuye a una revolución literaria semejante a la que se produce en su tiempo en el campo de la pintura y que operarán de manera más radical los pintores no figurativos. Demostrando que el interés de un libro no reside tanto en la realidad que refleja como en la visión singular que expresa, inaugura eso que se llamará "la era de la sospecha", donde predomina la intriga del lector invitado a descifrar los arcanos de un estilo sobre la esencia propia de los personajes novelescos y celosos. Esa memoria defectuosa, propuesta por Proust, conlleva abundantes apreciaciones sesgadas, en parte corregidas por esa facultad que procura a su protagonista momentos involuntarios de felicidad, felicidad por cierto, que buscamos afanosamente al transcurrir la imagen móvil de lo eterno… el tiempo.
EL ORÁCULO DE DELFOS
Por: Lic. Luis Fernando Ruz Barros
SORPRENDEME NOBEL...
Una vez más y como cada año iniciamos la especulación para dilucidar lo que ha nuestro juicio puede devenir en la ceremonia de la entrega del Nobel Literario, la máxima condecoración en el planeta para quien se aprecie de escribir.
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Por: Lic. Luis Fernando Ruz Barros
AQUEL DESCONOCIDO FRANCÉS...
El más famoso desconocido de los escritores franceses, Jean-Marie Le Clézio, tiene una historia que, por sí sola, daría para escribir muchas, muchas novelas. Una historia muy de estos tiempos en que las nacionalidades se desvanecen, donde los niños crecen sintiendo que son de muchas partes y de ninguna. El ganador del premio Nobel de Literatura 2008 nació en Niza, Francia, hace 68 años. De padre inglés, madre francesa burguesa y criado en Camerún, se siente tan extranjero en París como puede sentirse en Buenos Aires, en el Distrito Federal de México o en Marrakech. No se siente de ningún lado en especial, así la lengua francesa sea ese refugio en el cual se esconde para contar las historias que han cautivado a todos aquellos quienes lo han leído. Le Clézio ha conseguido "rescatar las palabras del estado degenerado del lenguaje cotidiano y devolverles la fuerza para invocar una realidad existencial", dice el dictamen de
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Por: Lic. Luis Fernando Ruz Barros